Niños como palabra en flor que, el día de mañana, serán libros abiertos. A.







2.1.13

FRÁGILES ÁRBOLES DE NAVIDAD.

A la luz de la tarde los árboles sonríen.
Y lo hemos comprabado durante toda una semana al tiempo que nuestras sencillas ramas secas se iban poblando de deseos, que es lo que son cada uno de esos pequeños detalles que les regalé a los niños.
Un puñado de luces de colores para ir pensando en la Navidad que se iba acercando a nuestra puerta poquito a poco.
Todo estaba encerrado en un secreto brillante con el que pensábamos sorprender otra vez.
Nada de copias, nada de coloreados repetidos hasta la saciedad, nada de lo previsto. Al lado de cada camino hubo la rama que nos pareció hermosa, despojada y pobre como para vestirla de luz.
Y había tiempo. Ese tiempo que se rellena tantas veces con actividades que no tienen ningún otro privilegio que el de ser iguales a las de los demás.
Y el trabajo. Aguja, hilos, tiento, paciencia, tiempo y cuidado porque ¡todo era tan frágil!
Sometido al paso impetuoso de cualquiera de nosotros todo se vino abajo en algunas ocasiones y hubo de reemprenderse la tarea desde el cristal. Casi igual que sucede día a día con nuestra convivencia, aún nada fácil pero siempre en proceso de pequeños logros.
En la clase siempre queda un árbol hasta el próximo año como recuerdo del esfuerzo realizado y la belleza lograda. Este año han quedado dos. Serán recuerdo de que, lo que nos jugamos a cada paso es una ¡Feliz Navidad!