Julia estaba enseñándole su libro del momento (porque tiene otros muchos) al tío Anselmo y los demás estábamos fascinados viendo la situación.
¿Podría darse con cualquier niño de esa edad? Ese momento de tranquilidad, de complicidad, de atención mutua sólo se consigue si el pequeño está muy habituado a que los adultos que rodean su crecimiento estén solícitos a sus demandas de palabras, cuentan y recuentan sus libros favoritos y hablan, tantas veces como sea preciso, de lo que el niño quiere volver a escuchar.
Por eso Julia tien mucha suerte. No sólo porque dispone de libros sino, sobre todo, porque dispone de adultos que le regalan su tiempo y sus palabras.
Enhorabuena papás de Julia. El mosquito de la ignorancia no tendrá nada que hacer ante el ¡¡NO!! que ya sabe decir esa gran lectora.




