Niños como palabra en flor que, el día de mañana, serán libros abiertos. A.







1.8.14

POETAS Y MAESTROS EN CLASE.

 
Azar es una de esas palabras que me gustan, es un sonido que me lleva, de persona en persona, de lugar en lugar, a coleccionar vivencias especialmente intensas.
Y hoy, de nuevo, ha actuado con un salto en el tiempo.
Hacía mucho tiempo, tal vez demasiado, que no me asomaba a esta ventana de mi clase para ver qué sucedía, qué rondaba por este lugar que en otro tiempo era de visita habitual para nosotros, los que estábamos viviendo continuamente actividades y realizando encuentros emocionantes.
Hoy, recogiendo imágenes de Internet, que guarda memoria de lo que a nosotros se nos va acumulando en diferentes soportes, regresé a Baeza de golpe y sorpresa. Y volví a clase de veras.
Y no quiero dejar pasar la ocasión para abrir la ventana de nuevo, ver que las plantas siguieron su ciclo natural habitual. Unas se resecaron. Otras, las más valientes, se adaptaron a las circunstancias del barbecho y, aprovechando soles, vientos, lluvias, nieves y los movimientos naturales de las estaciones, extendieron sus zarcillos y treparon por el tiempo con sorpresa y energía.
Y hoy, de un salto, como si todo el tiempo se hubiera anulado, regresamos a clase, a otra clase juntos.
No es un aula cualquiera ni tampoco lo son mis serios compañeros de fila.
 Es el aula de Don Antonio Machado en Baeza.
Y son mis compañeros maestros, como yo.
Y alguno hasta poeta.
Un abrazo, Mariano Coronas.
Un abrazo, Antonio Gª Teijeiro.
Un GRACIAS de todos nosotros, don Antonio, por ayudarnos a hacer que nuestras aulas no fueran como aquella del invierno usted describía.